La cuchara no existe El aire en el Oráculo olía a incienso y a algo más difícil de nombrar, como si el lugar estuviera suspendido entre dos realidades. Neo avanzó con cautela, todavía inseguro de su papel, todavía dudando de sí mismo más que de la propia Matrix. En una esquina, un niño rapado jugaba con una cuchara. No la sostenía como un objeto: la cuchara parecía obedecerle, curvarse suavemente como si fuera parte de él. Neo se detuvo, incapaz de ocultar su asombro. El niño lo miró con una serenidad que no pertenecía a un niño. —No intentes doblar la cuchara —dijo, como si ya supiera lo que Neo estaba pensando. Neo frunció el ceño. —¿Entonces qué debo hacer? El niño le ofreció la cuchara. Era ligera, fría, perfectamente normal. —La verdad —continuó— es que no hay cuchara. Neo sintió que algo en su mente se tensaba, como si una idea demasiado grande intentara abrirse paso. El niño habló con la calma de quien ya ha visto a muchos luchar contra la misma barrera invisible. —Lo que se dob...
Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo. - Benjamin Franklin